Escritura

Palabras de lágrimas, sonrisas de letras, eco de fonemas en las venas, morfemas al viento, borrón de lexemas... eso es la escritura.

Mi foto
Nombre:
Lugar: Madrid, Madrid, Spain

Están todos en el blog.

14 octubre 2006

A ti mujer

(24-07-97)

Cual pajarillo que alegre canta de rama en rama, con su piquito de oro y sus plumas de plata, así son tus trinos, copiosos, alegres, sinceros (a veces), pero siempre encantadores, como tu sonrisa, tu mirada...
Tu mirada serena, inquieta, lleva el ritmo torpe de las mariposas, también su colorido, su hermosura inmaculada, su fragilidad, su delicadeza.
Tu sonrisa de rojo carmín, blasón facial y enseña del viejo caserón decadente con pinceladas de vanguardismo, es el vestíbulo, de difícil acceso, que comunica con un interior damasquinado, repleto de contrastes, de esmerada orfebrería y semblante apacible.
Tu menuda figura, de formas suaves y medidos contorneos se desliza majestuosa entre dos aguas procedentes de sendas generaciones de inusitada belleza.
Así te ven mis ojos cristalinos, desvirtuados por los engañosos rayos humanos y cargados de simpatía, que desfiguran aún más la realidad cotidiana.

Rafael Ángel Fernández

02 agosto 2006

Safo o la décima musa

(Abril 1997)

Melódicos acordes lanzados al viento por el ancestral cuerno teñían de carmesí el crepúsculo cuando la reina de la noche, ataviada de fulgurante blancura, iniciaba su solemne procesión acompañada de frescas y ligeras brisas egeicas.
Con sensual movimiento labial, la almuecina abandonaba la concha entre sus nerviosas manos, de las que pendían rosadas perlas, para depositarla en ritual protocolo sobre el verde manto del minarete.
El susurro de las olas marcaba el ritmo que los delicados pies de las doncellas seguían mientras acariciaban los aterciopelados pétalos, orgullosamente erguidos para ser testigos de la ceremonia. Sus cabellos de plata se mecían en la fragancia marina, la piel tersa y bronceada insinuaba sus armoniosas curvas que con graciosa majestad se deslizaban en el aire, los pechos altivos, difuminados por lácteo satén, proclamaban su feminidad botticcelesca.
Era la hora, la hora de Safo, la diosa, la poetisa, la virgen, la mujer..., la hora en que el Egeo, imitando a su compañero el Rojo, se abría, se partía en dos. De sus entrañas emergía cual sirena la diosa, la poetisa, la virgen, la mujer..., cuasi desnuda, de nevadas transparencias, pura, inmaculada, con grácil caminar se aproximaba a la orilla a través de serpeantes senderos de espuma blanca.
Sobre la dorada arena, el incesante fuego divino purificador de hembras, auténticas protagonistas de Lesbos, proyecta sobre el suelo estilizadas siluetas de inusual belleza engarzadas al estilo mudéjar. Expectantes aguardan la llegada de la musa, mitad diosa, mitad fémina; mitad música, mitad danza; mitad marmólea, mitad etérea.
Raudos latidos anuncian al unísono su prócer presencia, al tiempo que una desbordante lasitud se hace presa de los tendidos cuerpos henchidos de paz sepulcral, bajo petrificadas nubes que arrullan al dormido mar.
La décima musa, según Platón, inicia la parafernalia encabezando el peregrinaje hacia la casa de Afrodita, a la sazón escuela literaria, seguida por sus émulas lesbenses, entonando epitalamios o cantos de himeneo con voces angelicales de inusitada pasión y desbordante alegría.
Pentélicos escalones de acceso a la academia servían de tribuna a los vespertinos conciertos cuya belleza acústica dejaban atónitos a lidios y mitilinenses, a sicilianos y atenienses. La natural coreografía se completaba con la danza de las vírgenes en inestable sucesión de pasos e inextricable equilibrio de tules y extremidades.
Extenuados los frágiles cuerpos por el agotador contorneo, se acomodaban con pausada elegancia en el salón de las columnas, donde la maestra, de impecable presencia y rutilante azabache en perfecto contraste con su blanca sonrisa, recitaba con una dicción tal, que ni el propio Demóstenes llegó a superar. Poetisa del amor, de la belleza, de la pasión que despierta este sentimiento en los enamorados sin distinción de sexo, ni ideología, ni religión. Poetisa del deseo, de la atracción, del clímax, del desvanecimiento, del olvido. Profundamente intimista, utilizaba su lengua vernácula para penetrar sin obstáculos en los corazones oyentes que escuchaban entusiasmados los cantos a la Naturaleza, en ocasiones frondosa, otras lampiña; ora exuberante, ora raquítica; a veces incolora, otras vestida de arco iris, pero siempre vitalista, exultante, celosa, autóctona de su isla natal y en extraña relación con sus hermosas admiradoras.
La métrica muy cuidada, de minuciosa y artesana elaboración, constituye la más original estrofa griega denominada "sáfica", evocadora de la genialidad y carácter de su autora, fruto de la combinación de otros metros por ella utilizados como el dístico, estrofas de tres y cuatro versos, etc., etc.
Despierta la admiración de Alceo con quien Aristóteles la une, Platón la llama "Décima Musa" y Plutarco "Bella Safo", su influencia en Teócrito, Cátulo, Horacio y Ovidio es obvia, Racine la evocó en Fedra y Delacroix la representa con los poetas del Parnaso, sin embargo como mejor se la define es con sus propios versos: "Cual la dulce manzana colorea en la alta rama, en la cima de la rama más alta los recolectores la han olvidado; no, no la han olvidado, antes bien no han podido alcanzarla".
Se le ha hecho morir poéticamente de amor, precipitándola al mar desde la roca Leucadia para escapar de los tormentos que le provocaba la pasión no correspondida del mitológico Faón. También se le ha rendido cumplido homenaje como heroína muerta en el destierro siciliano, no obstante, quizá sea Pinitos quien de forma más correcta pase la hoja de su historia al decir: "La tierra no cubre de Safo màs que las cenizas, los huesos y el nombre; su discreto canto disfruta de la inmortalidad".
Rafael Ángel Fernández

22 julio 2006

Premonición de un golpe

Marzo de 1979

La unión coalicionada es mayoría,
Dios y Blas también lo son,
la izquierda de igual cuantía,
y el pueblo con mayor razón.
Con tan brillante armonía,
¿quién se atreve a negar
que este barco navega,
con firmeza a ultramar?
No ha mucho que brindamos
con orgullo la botadura
y el barco se hizo a la mar
sin timón ni capitán.
Prosiguen los remos parados,
el velamen sin izar,
el casco sin autonomía
y sin apaciguar, la mar.
La noche empieza a caer,
ya nos invade el sopor
las olas en su correr
nos susurran con dolor
cómo se inviste el poder.
Por fin se divisa puerto,
una multitud que acecha
con su alcalde a la derecha
arriba los concejales,
y a la izquierda sin saberlo
nuestras vidas materiales.
Rafael Ángel Fernández

17 julio 2006

Veinticinco

Julio de 2006
Veinticinco años tiene mi niña, veinticinco estrellas mi noche, veinticinco rayos mi sol, veinticinco hojas mi trébol, veinticinco años le llevo a su cuerpo de ojos henchido, a su alma de sonrisas atiborrada, a sus vacíos de impulso y pasión colmados. Sólo quiere escuchar su voz, que su voz sea un grito desesperado de justicia, de libertad, pero la Libertad ya no guía al pueblo, ya no está en las barricadas, los volcanes no vomitan ideas de lava, la tierra no está preñada, los océanos no separan ni unen culturas. La memoria histórica es un plagio sin dios, de aquella torre Babeliana, símbolo de baldías esperanzas, de inconsciencias deslenguadas, donde a la cosmogonía hebrea del verbo le han extirpado las cuerdas vocales.
Que tu palabra sea paradigma de valores y no esclava de oscuras deidades.
Rafael Ángel Fernández

12 julio 2006

Epístola a un gorrión

Diciembre de 1991
Gorrión:
Dime si están las montañas nevadas, si las hojas cubren el suelo, si los árboles no hacen
sombras, si la luz se ha vuelto tenue, si los colores son pardos. . .
Esta noche he volado muy alto, he oído el murmullo de las aguas que corrían alegres al encuentro de la mar, he sentido el frío en las alas que desafiaba mi caminar, he visto los acebos vestidos de carmesí, sí, sí, ha sido una noches feliz.
¡Gorrión! ¡Gorrión! . . . ha sido tu sol, tu luz, tu día, quien ha iluminado mi prisión, mi instinto, mi pasión, quién. . . ¿por qué no decir la verdad?, me ha hecho recordar mi libertad.
Rafael Ángel Fernández

09 julio 2006

La primavera

Mayo de 1979

De luto las margaritas visten,
ya no alumbran las estrellas,
los ruiseñores se ponen tristes,
¿es esto la primavera?.


Rafael Ángel Fernández